martes, 8 de abril de 2014

Trascendió el sufrimiento... y halló su propósito de vida




Hola, nuevamente estoy contigo…
Hoy quisiera contarte una historia que lamentablemente puedes encontrar en el seno de muchas familias, aquí…, allí…, en cualquier lugar del planeta en donde en un momento de la historia el hombre se ha erigido “Dios”;  Un “Dios” perverso e implacable que pretende obligarte a pensar y actuar tal y como él lo decide y que castiga cruelmente a quién se rebela; Dioses que por desgracia tienen seguidores… ya sea por conveniencia, por ignorancia, por miedo, por convicción…,  sea como fuere,  acatan sus ordenes y a aquellos que optan por ejercer el principal derecho con el que venimos a este plano de existencia, la libertad, les arrancan de cuajo, con sadismo, de manera aberrante el mayor tesoro que poseemos: LA VIDA.
 
 Tenía 27 años, padre de dos niñas, una de ellas tenía 3 años y la pequeña 6 meses de vida cuando a él –de alguna manera- le fue arrebatada la suya propia.
Él y su mujer (con tan sólo 23 años), tenían  ilusiones, proyectos, metas por alcanzar.  Formaban una familia humilde donde las carencias económicas, la falta de comodidades, se compensaban con las ilusiones, la alegría, el anhelo de construir un futuro mano a mano por el bien de sus hijas y el suyo propio.
No compartía la ideología política que en aquellos momentos el “Dios aberrante” que gobernaba su país exigía fuese la única ideología a vivir. Veía la vida bajo una óptica que en nada se parecía a la que se imponía en aquellos momentos a todo aquel que compartiera el oxígeno, la tierra, el cielo de aquel territorio en el  que él y su familia vivían. No pertenecía a grupos revolucionarios, no participó en actos vandálicos, mucho menos en actos terroristas, simplemente, sus ideales eran otros; ideales que compartía en tertulias, siempre a escondidas, con otros hombres que como él pretendían otra forma de vida para sí y para sus familias.
Entre ellos, repartían unas pequeñas hojas en las que convocaban a reunirse para una siguiente vez, hojas en las que se expresaba con pocas frases lo que su grupo ideológico pretendía. Todo esto estaba tajantemente prohibido por quién gobernaba en aquellos momentos el país.
Un 12 de agosto, mientras estaba en su puesto de trabajo, fue apresado.
Como si se tratara de un delincuente peligroso, fue esposado y encarcelado. El delito del que se le acusaba: Tener en su poder “propaganda contra el régimen político actual”… sí, aquellas hojas con las que pretendían convocar a sus reuniones a todo aquel que no aceptara las condiciones de ese régimen político, unirse y poder  expresarse. Reunirse con la relativa libertad que les proporcionaba aquella habitación escondida quizás detrás de la barra de algún bar…,  lejos de ojos y  de oídos censurantes.
 
Alguien les acusó, a él y a otros hombres… Desde ese momento fue víctima de innumerables momentos de tortura física y psicológica; se pretendía que confesara cuales eran los planes en contra del gobierno que  tenía “ese grupo de rebeldes” al que él  supuestamente pertenecía.  No había tal complot, no había planes ni estrategias para derrocar al gobierno… No hubo robos, ni crímenes, sin embargo…, hubo pena de muerte.

Durante más de dos meses, todas los días a las cinco de la mañana su mujer iba al penal donde fue enviado cuando lo detuvieron. Todas las mañanas leía con angustia el listado de nombres de aquellos que la noche anterior habían sido fusilados. Buscaba presa de  pánico, el nombre de su marido. Veía como a su lado algunas mujeres caían desmayadas o quedaban totalmente conmocionadas, al comprobar efectivamente que la noche anterior, habían fusilado a su marido…, a su hijo…, a su hermano..., a ese ser amado que cometió el “grave error” de no compartir la ideología impuesta por el régimen de gobierno.
Después de dos meses él fue trasladado a otro penal, posteriormente a otro, y así sucesivamente hasta pasar por varios de ellos. Su mujer acudía cada día a buscar información de cuándo y hacia donde trasladarían a su marido  para intentar estar allí, en la estación de tren  junto con sus niñas pequeñas, a la hora que fuera, para verlo y desde lejos mientras los guardias lo pasaban (esposado) de un tren a otro, gritar su nombre…, gritar “¡papá!, ¡papá!”, “¡estamos aquí!”… gritar un “¡te queremos!”… a veces él lograba escuchar esas voces desesperadas que le llamaban…, giraba la cabeza y sonreía…, no podía hacer ningún otro movimiento con sus manos esposadas detrás de la espalda, ellas le lanzaban besos con las manos, saltaban emocionadas tratando de decirle tanto en tan poco tiempo…  a él le obligaban a andar de prisa para subir en el tren que lo llevaría a otro penal. En otras ocasiones, el ruido ensordecedor de los trenes, de aquellas estaciones antiguas, no le permitía darse cuenta donde estaban en esa ocasión sus tres tesoros… y subía al tren que lo llevaría cada vez más lejos de su familia…, sin haberlas visto.
Trece años estuvo prisionero… En trece años, vio a su mujer y a sus hijas en tres ocasiones. Su hija mayor recuerda que vio a su padre cuando ella tenía 4 años aproximadamente, luego cuando tenía 7 y finalmente cuando su padre estaba a punto de salir de la cárcel, ella tenía 16 años. Durante ese tiempo, estuvo dos veces a punto de ser fusilado. En el paredón de fusilamiento vio como asesinaban a compañeros de prisión por pretender mantener su ideología política.

No te cuento a cerca de las torturas que vivió…, creo que aunque tuviera esa información  no lo haría. Me dijeron que habló poco y con pocas personas sobre lo vivido durante esos años de privación de libertad.   En una ocasión comentó a su familia  que lo encerraron durante dos meses en un calabozo totalmente a oscuras, en condiciones totalmente inhóspitas, donde el único hueco para respirar era la pequeña trampilla por donde le pasaban un poco de pan y agua al día. Dos meses en los que permaneció totalmente aislado, sin pronunciar palabra, sin escuchar más que los pasos de quién se acercaba a traerle algo de alimento. Cuando fue liberado de allí,  creía que se había quedado ciego, sus ojos tardaron mucho tiempo…,  semanas para conseguir acostumbrarse nuevamente a la luz.
Cuando falleció su madre, le fue denegado el permiso para acudir a su funeral. No poder ver, abrazar, oír a los suyos fue parte del castigo…, el implacable castigo de quienes se creyeron por años los únicos poseedores de “la verdad” a nivel político, religioso, social.
 
Te resumo en tan pocas palabras esta tremenda injusticia -que formó parte de la vida de este gran hombre-, que siento como si la injusta ahora fuese yo, porque él y todos aquellos que han padecido en  manos de semejantes verdugos merecen mucho más que este corto relato para ser rememorados.
 
Pero he aquí lo que pretendo que te llegue: él volvió a las calles, a su hogar,  a buscar un empleo, a tratar de “retomar su vida”…,  aunque durante dos años tenía que acudir todas las semanas a colocar su firma en el ayuntamiento de su localidad, forma esta de asegurarse el “régimen político”,  que él no saldría de la ciudad.
 Incluso durante ese tiempo,  una madrugada mientras todos dormían, irrumpieron en su casa representantes del régimen político con la intención de encontrar propaganda en contra del gobierno. Destrozaron parte del mobiliario, atemorizaron a su mujer y a sus hijas, y después de varias horas de búsqueda infructuosa se fueron amenazando y  dejando claro quién era el amo y señor.
Él continuó escribiendo su historia…, se reincorporó a la empresa donde trabajaba antes de haber entrado en prisión, allí estuvo hasta jubilarse. Fue padre por tercera vez. Intentó ofrecer a su familia todo el bienestar que con su trabajo y en las circunstancias de la época, era posible obtener. Los comentarios que generaba a su alrededor eran de elogios a su proceder responsable, coherente, sereno.
Sin embargo, cuentan quienes le conocieron antes de ser puesto en prisión que él era un hombre extrovertido, comunicativo,  y llegaron a decir de él cuando regresó a su hogar frases  como: “le robaron la alegría”, “le robaron la sonrisa”… “le han cambiado…”
No puedo asegurar nada en relación a ese cambio, sólo conocí al hombre que salió de prisión…, Le conocí cuando ya por su edad, su paso se iba haciendo más lento, sus cabellos totalmente blancos, cuando ya habían pasado muchos años después de todo lo que te he contado   y puedo decirte que sus  ojos, de un azul cielo intenso, irradiaban sosiego, calma, serenidad…, bondad…, nobleza; Sí, es verdad que era muy poco comunicativo, guardaba silencio… cuando los demás opinaban, cuando  contaban de sí mismos, cuando  hablaban de la actualidad o del pasado…, él guardaba silencio. Si se le preguntaba directamente su opinión… hablaba poco… pero con pocas palabras, decía mucho.
 
Muchas veces  intentaba encontrar en su mirada respuestas a mi pregunta a cerca de como hacía para transmitir tanta serenidad a pesar de todo lo vivido.  Quienes leemos su historia, podemos pensar que seguramente ya nada fue igual después de ese terrible capítulo… le robaron 13 años de su existencia, le arrebataron la ilusión de ver crecer a sus hijas, de compartir su  infancia. Tenía 27 años cuando fue encarcelado, salió de prisión con 40 años… Detrás de esos muros, detrás de barrotes, de golpes, de torturas, quedaron los sueños, los anhelos, las metas a conseguir, la ilusión.
Sin embargo, en su mirada y en sus palabras, no encontré amargura, no había odio, no hallé venganza, no había tormento. Sentimientos que podrían ser entendidos en alguien que llevaba esa historia tras de sí y que además en sus últimas líneas tuvo que escribir que una enfermedad crónica y silenciosa, causó la amputación de sus piernas.
 
Me enseñó con su actitud que era todo un maestro en el arte de vivir a pesar de…
¿Donde radicaba su fuerza?, sólo puedo hacer conjeturas, no le pregunté…,  ¿en la Aceptación quizás?, aceptando cada etapa, cada situación por difícil que fuera,  con serenidad… como parte de un proceso en esta gran experiencia que llamamos Vida;  ¿en el Agradecimiento?, valorando que continuaba vivo y que había mucho aún por lo que seguir generando ilusión… ¿en el Amor?, el de su familia y su entorno, el que imagino fue su aliento día a día mientras estuvo forzosamente alejado de ellos, el que le sostuvo, amor que dio la fuerza y el impulso necesario para continuar escribiendo la historia de su vida.
 
O quizás se trataba simplemente de su Esencia, la que nada ni nadie pudo destruir…
 
...Si al leer esta historia te dejas llevar por esa parte de ti que logre conectar con el protagonista -aún sin conocer más detalles de su vida que los que brevemente te he narrado- y surgen en ti conjeturas, "quizás", en relación a las que pudieron ser las herramientas con las que este maestro hizo de su vida un arte, compártelas conmigo. 
Gracias... Hasta la próxima vez...
 

domingo, 16 de marzo de 2014

Asomados a la ventana

Cada uno lleva una historia a cuestas y día a día continúa escribiendo en ella.
Historias que muchas veces nos hacen plantearnos porqués... no entendemos bien porque se tuvo que vivir alguno de los capítulos..., o porqué se tuvo que vivir de esa manera.
En ocasiones, seguramente  la hubiéramos escrito de otra forma...; como autores de nuestra propia historia, que mal elegimos a veces el contenido, y a veces incluso,  permitimos que otros se conviertan en coautores y lleven nuestra historia por derroteros que distan mucho del curso que hubiéramos querido darle a la misma.

Otras veces, la historia se muestra amable, va siendo más fácil escribirla,,, ¿es eso?, o ¿quizás es que empezamos a vivirla con arte?, empezamos a generar habilidades con las cuales crear... crear renglones mas amables en nuestra historia.

 Creo que a pesar de..., algunos folios que arrancaríamos sin dudar o de capítulos que escribiríamos nuevamente, ...vivir es un arte.

Me gustaría compartir contigo historias en las que los protagonistas son maestros (muchas veces sin ni siquiera saberlo) de ese, el arte más antiguo, el arte de vivir a pesar de... Y estoy segura que conoces historias en donde sus protagonistas son de estos,  los que son maestros en  este arte, y que si te animas, podríais  compartir conmigo.

Somos alumnos y al mismo tiempo  maestros  en el arte de vivir a pesar de..., se que podemos aportarnos mutuamente, da igual quién es el alumno y  quién pasa a ser el maestro...,  empecemos compartiendo esa historia, o fragmento  de la misma,  y como su o sus protagonistas la vivieron como verdaderos artistas.

Pronto te contaré una de ellas.

Hoy, asómate a la ventana de la vida, hay tanto por VIVIR... con ARTE...,créeme, A PESAR DE...