Hola, nuevamente estoy contigo…
Hoy quisiera contarte una historia que lamentablemente puedes encontrar en el
seno de muchas familias, aquí…, allí…, en cualquier lugar del planeta en donde
en un momento de la historia el hombre se ha erigido “Dios”; Un “Dios” perverso e implacable que pretende obligarte
a pensar y actuar tal y como él lo decide y que castiga cruelmente a quién se
rebela; Dioses que por desgracia tienen seguidores… ya sea por conveniencia,
por ignorancia, por miedo, por convicción…, sea como fuere, acatan sus ordenes y a aquellos que optan por
ejercer el principal derecho con el que venimos a este plano de existencia, la libertad, les arrancan de cuajo, con
sadismo, de manera aberrante el mayor tesoro que poseemos: LA VIDA.
Durante más de dos meses, todas los días a las cinco de la mañana su mujer iba al penal donde fue enviado cuando lo detuvieron. Todas las mañanas leía con angustia el listado de nombres de aquellos que la noche anterior habían sido fusilados. Buscaba presa de pánico, el nombre de su marido. Veía como a su lado algunas mujeres caían desmayadas o quedaban totalmente conmocionadas, al comprobar efectivamente que la noche anterior, habían fusilado a su marido…, a su hijo…, a su hermano..., a ese ser amado que cometió el “grave error” de no compartir la ideología impuesta por el régimen de gobierno.
No te cuento a cerca de las torturas que vivió…, creo que aunque tuviera esa información no lo haría. Me dijeron que habló poco y con pocas personas sobre lo vivido durante esos años de privación de libertad. En una ocasión comentó a su familia que lo encerraron durante dos meses en un calabozo totalmente a oscuras, en condiciones totalmente inhóspitas, donde el único hueco para respirar era la pequeña trampilla por donde le pasaban un poco de pan y agua al día. Dos meses en los que permaneció totalmente aislado, sin pronunciar palabra, sin escuchar más que los pasos de quién se acercaba a traerle algo de alimento. Cuando fue liberado de allí, creía que se había quedado ciego, sus ojos tardaron mucho tiempo…, semanas para conseguir acostumbrarse nuevamente a la luz.
Tenía 27 años, padre de dos niñas, una de
ellas tenía 3 años y la pequeña 6 meses de vida cuando a él –de alguna manera- le
fue arrebatada la suya propia.
Él y su mujer (con tan sólo 23
años), tenían ilusiones, proyectos,
metas por alcanzar. Formaban una familia
humilde donde las carencias económicas, la falta de comodidades, se compensaban
con las ilusiones, la alegría, el anhelo de construir un futuro mano a mano por
el bien de sus hijas y el suyo propio.
No compartía la ideología
política que en aquellos momentos el “Dios aberrante” que gobernaba su país
exigía fuese la única ideología a vivir. Veía la vida bajo una óptica que en
nada se parecía a la que se imponía en aquellos momentos a todo aquel que
compartiera el oxígeno, la tierra, el cielo de aquel territorio en el que él y su familia vivían. No pertenecía a
grupos revolucionarios, no participó en actos vandálicos, mucho menos en actos
terroristas, simplemente, sus ideales eran otros; ideales que compartía en
tertulias, siempre a escondidas, con otros hombres que como él pretendían otra
forma de vida para sí y para sus familias.
Entre ellos, repartían unas
pequeñas hojas en las que convocaban a reunirse para una siguiente vez, hojas
en las que se expresaba con pocas frases lo que su grupo ideológico pretendía.
Todo esto estaba tajantemente prohibido por quién gobernaba en aquellos
momentos el país.
Un 12 de agosto, mientras estaba
en su puesto de trabajo, fue apresado.
Como si se tratara de un delincuente peligroso, fue esposado y encarcelado. El delito del que se le acusaba: Tener en su poder “propaganda contra el régimen político actual”… sí, aquellas hojas con las que pretendían convocar a sus reuniones a todo aquel que no aceptara las condiciones de ese régimen político, unirse y poder expresarse. Reunirse con la relativa libertad que les proporcionaba aquella habitación escondida quizás detrás de la barra de algún bar…, lejos de ojos y de oídos censurantes.
Como si se tratara de un delincuente peligroso, fue esposado y encarcelado. El delito del que se le acusaba: Tener en su poder “propaganda contra el régimen político actual”… sí, aquellas hojas con las que pretendían convocar a sus reuniones a todo aquel que no aceptara las condiciones de ese régimen político, unirse y poder expresarse. Reunirse con la relativa libertad que les proporcionaba aquella habitación escondida quizás detrás de la barra de algún bar…, lejos de ojos y de oídos censurantes.
Alguien les acusó, a él y a otros
hombres… Desde ese momento fue víctima de innumerables momentos de tortura
física y psicológica; se pretendía que confesara cuales eran los planes en
contra del gobierno que tenía “ese grupo
de rebeldes” al que él supuestamente pertenecía.
No había tal complot, no había planes ni
estrategias para derrocar al gobierno… No hubo robos, ni crímenes, sin
embargo…, hubo pena de muerte.
Durante más de dos meses, todas los días a las cinco de la mañana su mujer iba al penal donde fue enviado cuando lo detuvieron. Todas las mañanas leía con angustia el listado de nombres de aquellos que la noche anterior habían sido fusilados. Buscaba presa de pánico, el nombre de su marido. Veía como a su lado algunas mujeres caían desmayadas o quedaban totalmente conmocionadas, al comprobar efectivamente que la noche anterior, habían fusilado a su marido…, a su hijo…, a su hermano..., a ese ser amado que cometió el “grave error” de no compartir la ideología impuesta por el régimen de gobierno.
Después de dos meses él fue
trasladado a otro penal, posteriormente a otro, y así sucesivamente hasta pasar
por varios de ellos. Su mujer acudía cada día a buscar información de cuándo y
hacia donde trasladarían a su marido para
intentar estar allí, en la estación de tren junto con sus niñas pequeñas, a la hora que
fuera, para verlo y desde lejos mientras los guardias lo pasaban (esposado) de
un tren a otro, gritar su nombre…, gritar “¡papá!, ¡papá!”, “¡estamos aquí!”…
gritar un “¡te queremos!”… a veces él lograba escuchar esas voces desesperadas
que le llamaban…, giraba la cabeza y sonreía…, no podía hacer ningún otro
movimiento con sus manos esposadas detrás de la espalda, ellas le lanzaban
besos con las manos, saltaban emocionadas tratando de decirle tanto en tan poco
tiempo… a él le obligaban a andar de
prisa para subir en el tren que lo llevaría a otro penal. En otras ocasiones,
el ruido ensordecedor de los trenes, de aquellas estaciones antiguas, no le
permitía darse cuenta donde estaban en esa ocasión sus tres tesoros… y subía al
tren que lo llevaría cada vez más lejos de su familia…, sin haberlas visto.
Trece años estuvo prisionero… En trece años, vio a su mujer y a sus
hijas en tres ocasiones. Su hija mayor recuerda que vio a su padre cuando ella
tenía 4 años aproximadamente, luego cuando tenía 7 y finalmente cuando su padre
estaba a punto de salir de la cárcel, ella tenía 16 años. Durante ese tiempo,
estuvo dos veces a punto de ser fusilado. En el paredón de fusilamiento vio
como asesinaban a compañeros de
prisión por pretender mantener su ideología política.
No te cuento a cerca de las torturas que vivió…, creo que aunque tuviera esa información no lo haría. Me dijeron que habló poco y con pocas personas sobre lo vivido durante esos años de privación de libertad. En una ocasión comentó a su familia que lo encerraron durante dos meses en un calabozo totalmente a oscuras, en condiciones totalmente inhóspitas, donde el único hueco para respirar era la pequeña trampilla por donde le pasaban un poco de pan y agua al día. Dos meses en los que permaneció totalmente aislado, sin pronunciar palabra, sin escuchar más que los pasos de quién se acercaba a traerle algo de alimento. Cuando fue liberado de allí, creía que se había quedado ciego, sus ojos tardaron mucho tiempo…, semanas para conseguir acostumbrarse nuevamente a la luz.
Cuando falleció su madre, le fue
denegado el permiso para acudir a su funeral. No poder ver, abrazar, oír a los
suyos fue parte del castigo…, el implacable castigo de quienes se creyeron por
años los únicos poseedores de “la verdad” a nivel político, religioso, social.
Te resumo en tan pocas palabras
esta tremenda injusticia -que formó parte de la vida de este gran hombre-, que siento
como si la injusta ahora fuese yo, porque él y todos aquellos que han padecido
en manos de semejantes verdugos merecen
mucho más que este corto relato para ser rememorados.
Pero he aquí lo que pretendo que
te llegue: él volvió a las calles, a su hogar,
a buscar un empleo, a tratar de “retomar su vida”…, aunque durante dos años tenía que acudir todas
las semanas a colocar su firma en el ayuntamiento de su localidad, forma esta
de asegurarse el “régimen político”, que
él no saldría de la ciudad.
Incluso durante ese tiempo, una madrugada mientras todos dormían,
irrumpieron en su casa representantes del régimen político con la intención de
encontrar propaganda en contra del gobierno. Destrozaron parte del mobiliario,
atemorizaron a su mujer y a sus hijas, y después de varias horas de búsqueda
infructuosa se fueron amenazando y
dejando claro quién era el amo y señor.
Él continuó escribiendo su historia…,
se reincorporó a la empresa donde trabajaba antes de haber entrado en prisión,
allí estuvo hasta jubilarse. Fue padre por tercera vez. Intentó ofrecer a su
familia todo el bienestar que con su trabajo y en las circunstancias de la
época, era posible obtener. Los comentarios que generaba a su alrededor eran de
elogios a su proceder responsable, coherente, sereno.
Sin embargo, cuentan quienes le
conocieron antes de ser puesto en prisión que él era un hombre extrovertido,
comunicativo, y llegaron a decir de él
cuando regresó a su hogar frases como:
“le robaron la alegría”, “le robaron la sonrisa”… “le han cambiado…”
No puedo asegurar nada en
relación a ese cambio, sólo conocí al hombre que salió de prisión…, Le conocí
cuando ya por su edad, su paso se iba haciendo más lento, sus cabellos
totalmente blancos, cuando ya habían pasado muchos años después de todo lo que
te he contado y puedo decirte que sus ojos, de un azul cielo intenso, irradiaban
sosiego, calma, serenidad…, bondad…, nobleza; Sí, es verdad que era muy poco
comunicativo, guardaba silencio… cuando los demás opinaban, cuando contaban de sí mismos, cuando hablaban de la actualidad o del pasado…, él
guardaba silencio. Si se le preguntaba directamente su opinión… hablaba poco… pero con pocas palabras, decía mucho.
Muchas veces intentaba encontrar en su mirada respuestas a
mi pregunta a cerca de como hacía para transmitir tanta serenidad a pesar de todo lo vivido. Quienes leemos su
historia, podemos pensar que seguramente ya nada fue igual después de ese
terrible capítulo… le robaron 13 años de su existencia, le arrebataron la
ilusión de ver crecer a sus hijas, de compartir su infancia. Tenía 27 años cuando fue
encarcelado, salió de prisión con 40 años… Detrás de esos muros, detrás de
barrotes, de golpes, de torturas, quedaron los sueños, los anhelos, las metas a
conseguir, la ilusión.
Sin embargo, en su mirada y en
sus palabras, no encontré amargura, no había odio, no hallé venganza, no había
tormento. Sentimientos que podrían ser entendidos en alguien que llevaba esa
historia tras de sí y que además en sus últimas líneas tuvo que escribir que una
enfermedad crónica y silenciosa, causó la amputación de sus piernas.
Me enseñó con su actitud que era
todo un maestro en el arte de vivir a
pesar de…
¿Donde radicaba su fuerza?, sólo
puedo hacer conjeturas, no le pregunté…, ¿en la Aceptación
quizás?, aceptando cada etapa, cada situación por difícil que fuera, con serenidad… como parte de un proceso en
esta gran experiencia que llamamos Vida;
¿en el Agradecimiento?,
valorando que continuaba vivo y que había mucho aún por lo que seguir generando
ilusión… ¿en el Amor?, el de su
familia y su entorno, el que imagino fue su aliento día a día mientras estuvo
forzosamente alejado de ellos, el que le sostuvo, amor que dio la fuerza y el
impulso necesario para continuar escribiendo la historia de su vida.
O quizás se trataba simplemente de su Esencia, la que nada ni nadie
pudo destruir…
...Si al leer esta historia te dejas llevar por esa parte de ti que logre conectar con el protagonista -aún sin conocer más detalles de su vida que los que brevemente te he narrado- y surgen en ti conjeturas, "quizás", en relación a las que pudieron ser las herramientas con las que este maestro hizo de su vida un arte, compártelas conmigo.
Gracias... Hasta la próxima vez...
madre mía...desde la primera linea que he empezado a leer hasta la ultima palabra...no he podido dejar de llorar...sabia de quien hablabas desde el primer momento...pero habían muchas cosas que yo no sabia y si antes pensaba que fué un gran hombre... ahora solo pienso que fué un GRAN HÉROE¡¡ no tuve el placer de conocerlo...pero estoy segura que a pesar de todo lo que tuvo que sufrir, supo salir adelante...y los que vinimos detrás de el no podemos permitir que todo lo luchado por esas personas, dejemos que nos lo quiten...una historia conmovedora prima...esto lo debería leer todo el mundo para que reaccionen un poquito y sepan lo mucho que sufrieron las familias en aquella época...un abrazo grandisimoo¡ te quiero prima¡
ResponderEliminarHola quiero agradecer a quien escribió esto porque me da mas animo para seguir luchando con las injusticias y para que esto no vuelva a suceder y que siempre sean reconocidas todas las personas que inocentemente sufrieron el fascismo sin tener nada que ver. Y todavía aun así les fueron arrebatadas sus casas y sus vidas. Pues por eso y mucho mas siempre cuando alguien dice de olvidar yo les digo que se pongan en la piel del que sufrió aquel martirio y como no las lagrimas de impotencia y la rabia corre por mis venas,pues quien sufrió aquello también era de mi sangre.Un abrazo muy grande prima y espero que algún día se haga justicia .
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